Drazel, Aridia y Cristino se suman a Los Cebolleros para demostrar que el folclore no pertenece a nadie en particular
La noche de este viernes dejó un mensaje claro, además de reafirmar una idea que
debería estar siempre presente cuando se habla de nuestras tradiciones: el folclore no
pertenece a nadie en particular. Es de todos, de quienes lo interpretan, de quienes lo
sienten y de quienes lo han recibido de generaciones anteriores, pero también de quienes
se acercan a él por primera vez con respeto, ilusión y ganas de aprender. Así quedó
demostrado en la Plaza José Rodríguez Quintana de Barrial, donde se celebró una nueva
edición del Encuentro Tradicional de Cantadores, una cita que volvió a reunir a
numeroso público en torno a nuestras tradiciones y que tuvo al G.F. Los Cebolleros
como uno de sus grandes protagonistas.
Los Cebolleros pusieron la música para que tanto la agrupación Manantial como Los
Cabuqueros pudieran bailar, aunque la noche guardaba además uno de esos momentos
que difícilmente se olvidan. Drazel, Aridia Ramos y Cristino Moreno se subieron al
escenario para cantar junto al legendario grupo galdense, tres artistas vinculados a otros
ámbitos musicales que decidieron acercarse al folclore tradicional y hacerlo con una
naturalidad, una profesionalidad y un sentimiento que terminaron conquistando al
público. No fue simplemente una colaboración más dentro del programa, fue una
imagen que resumió buena parte del espíritu de esta edición: diferentes caminos
musicales encontrándose sobre un mismo escenario y entendiendo que nuestras
tradiciones también pueden ser un punto de encuentro.
Durante la velada se interpretaron dieciocho temas, en un recorrido por diferentes
géneros de nuestro repertorio donde no faltaron las folías, isas, malagueñas, seguidillas,
berlina, sorondongos, El Vivo, pasodobles, Pobre Rafael y las polcas. La música fue
avanzando por la plaza mientras el público disfrutaba de una noche en la que el folclore
volvió a ocupar el lugar que merece, aunque fueron las intervenciones de los tres artistas
invitados las que terminaron despertando una mayor expectación.
Cristino Moreno se decantó por Bolero para Gáldar, del maestro Ignacio, una
composición profundamente vinculada a esta tierra que volvió a sonar en la plaza con
una interpretación que fue recibida con una sonora ovación. Después llegó el turno de
Aridia Ramos, que eligió Madre Canaria, en otro de los momentos especiales de la
noche. Entre el público se encontraba su hija, todavía un bebé, que acompañaba a su
madre desde la plaza en una imagen especialmente tierna y emotiva. Drazel fue el
encargado de cerrar este particular recorrido por la música de autor y popular con
Sombra del Nublo, de Néstor Álamo, una de las canciones más reconocibles de la
música canaria, que volvió a cobrar vida en la voz de un artista acostumbrado a otros
registros.
Los tres recibieron el reconocimiento de una plaza entregada, que supo valorar no
solamente sus interpretaciones, sino también el paso que habían dado al acercarse al
folclore. No resulta habitual que tres artistas procedentes de la música moderna o de
otras disciplinas como Drazel, Aridia Ramos y Cristino Moreno decidan adentrarse en
la música tradicional y hacerlo con tanta profesionalidad, tan buen hacer y tanto
sentimiento. Precisamente ahí estuvo una de las grandes particularidades de este
Encuentro Tradicional de Cantadores, en comprobar que no hace falta haber recorrido
siempre el mismo camino para poder llegar a un mismo lugar. La música permitió que
los tres artistas encontraran su espacio junto a Los Cebolleros y que el público
reconociera el esfuerzo y el respeto con el que afrontaron el reto.
La noche volvió a demostrar que el folclore no necesita fronteras ni propietarios,
necesita personas dispuestas a mantenerlo vivo. Necesita agrupaciones que continúen
interpretándolo, personas que lo transmitan, nuevas generaciones que se acerquen a él y
también artistas que, desde otros caminos musicales, sean capaces de descubrir que
nuestras tradiciones tienen las puertas abiertas. Lo ocurrido en Barrial fue una buena
muestra de ello, porque cuando una folía, una isa, una malagueña o una canción como
Sombra del Nublo consigue reunir sobre un mismo escenario a músicos de diferentes
procedencias, el folclore deja de ser únicamente memoria para convertirse también en
presente y, sobre todo, en futuro.
El presidente y director del G.F. Los Cebolleros, Moisés Rodríguez, quiso agradecer a
Barrial que haya vuelto a apostar por una nueva edición del Encuentro Tradicional de
Cantadores y destacó el papel desempeñado por los cantadores y por sus compañeros de
agrupación, poniendo especialmente en valor el esfuerzo realizado para preparar la
noche. Según manifestó, sus compañeros “se lo han currado muchísimo”, por lo que
para todos ellos pidió el mejor de los reconocimientos, el aplauso del numeroso público
que acudió a la cita y que respondió con diferentes ovaciones a lo largo de la velada.
Por su parte, el presidente de la Asociación de Vecinos Amagro, Pepe García, manifestó
que Barrial es cuna de folclore y destacó que el Encuentro Tradicional de Cantadores
había vuelto a convertirse en un gran espectáculo, colocando una vez más nuestras
tradiciones en lo más alto y demostrando que la cultura popular puede seguir teniendo
un espacio protagonista dentro de las fiestas y de la vida social del barrio.
La celebración de este encuentro ha sido posible gracias a la organización del G.F. Los
Cebolleros, con la colaboración de la Asociación de Vecinos Amagro de Barrial y el
Ayuntamiento de Gáldar, además del patrocinio del Cabildo de Gran Canaria, a través
de la Consejería de Presidencia, dentro de la convocatoria de subvenciones destinadas al
fomento del movimiento asociativo y la convivencia ciudadana. Un respaldo que
permite que iniciativas como esta continúen formando parte de la programación de
Barrial y que la música tradicional siga teniendo un espacio propio dentro de sus fiestas.
La Plaza José Rodríguez Quintana volvió a convertirse así en un lugar de encuentro, de
música y de convivencia. Allí estuvieron las agrupaciones, los cantadores, los artistas
invitados y un público que quiso acompañarlos en una noche en la que diferentes
formas de entender la música terminaron encontrándose en un mismo escenario. No
hubo etiquetas ni fronteras, solamente música, sentimiento y una tradición que volvió a
demostrar que está mucho más viva cuando se comparte.
Porque lo ocurrido este viernes en Barrial dejó una conclusión que debería servir para
entender el folclore en toda su dimensión: no pertenece a nadie en particular. Pertenece
a todos los que lo sienten, lo respetan, lo interpretan y trabajan para mantenerlo vivo.
Cuando se comparte, cuando se abre la puerta para que otros puedan acercarse y cuando
diferentes voces encuentran un mismo espacio para cantar, la tradición no pierde nada.
Lo gana todo.

