Billy Capers: el fin de semana en que Las Palmas volvió a creer en la magia
Hay fines de semana que se apuntan en la agenda y otros que se quedan dando vueltas en la memoria como una canción de feria. El del 29 al 31 de mayo, en el Anexo del Estadio de Gran Canaria, fue de los segundos: tres días en los que La Fabulosa Feria de Billy Capers no llegó simplemente a Las Palmas de Gran Canaria; la transformó. Durante unas horas, el asfalto se volvió pista, las luces parecieron encenderse con un secreto y el público —niños, padres, abuelos, curiosos y soñadores— cruzó una puerta invisible hacia ese lugar donde el circo todavía tiene poder para dejar a todos con la boca abierta.
Desde el primer pasacalles, la feria desplegó su hechizo con una energía difícil de domesticar. Billy Capers en Movimiento, los artistas itinerantes, la animación continua y el ambiente de circo clásico hicieron que el recinto no se visitara: se recorriera como quien entra en un cuento vivo. Cada esquina parecía guardar una sorpresa. Un gesto, una risa, una pirueta, una mirada cómplice. El público no asistía desde fuera; formaba parte del espectáculo.
El viernes abrió con sabor a estreno y homenaje. La Carpa de Circo Pinito del Oro puso nombre y emoción a una jornada que miró al pasado para celebrar el presente, recordando a una de las grandes figuras de la historia circense canaria. Y alrededor, la feria bullía: el Gran Hombre Forzudo, los números de circo, los clowns, las actuaciones a ras de suelo y los artistas de pasar el sombrero tejían una programación que no daba tregua al asombro.
El sábado fue la consagración. Con apertura desde la mañana, el Anexo se llenó de familias que entraban buscando un plan y salían con la sensación de haber vivido algo más grande. Los Escenarios Chinijos, el desfile de artistas, la animación continua, el clown, la música y los espectáculos convirtieron la jornada en una celebración total. No había una sola edad para disfrutar Billy Capers: los pequeños lo miraban todo como si acabaran de descubrir el mundo, y los adultos, quizá sin decirlo, agradecían que alguien les devolviera por un rato la capacidad de maravillarse.
Y entonces llegó el domingo, con ese aire especial de los finales felices. El pasacalles “Hola domingo”, la música de The Plunger Dixie Band, el mimo, el teatro, el circo aéreo y los últimos encuentros con los personajes de la feria dieron forma a una despedida luminosa. Nadie parecía querer marcharse del todo. Porque cuando una feria funciona de verdad, no termina cuando se apagan las luces: se queda pegada a la ropa, a las fotos del móvil, a las conversaciones de camino a casa.
La Fabulosa Feria de Billy Capers fue circo, sí. Pero también fue mucho más: fue una invitación a mirar hacia arriba, a reír sin pedir permiso, a aplaudir con ganas y a recordar que la cultura familiar puede ser emocionante, cercana y espectacular al mismo tiempo. Durante tres días, Las Palmas tuvo su propio universo de fantasía, con artistas internacionales, pasacalles, talleres, animación, música, comida, juegos y actividades pensadas para pequeños y mayores.
Cuando el último aplauso se deshizo en el aire del Anexo, quedó una certeza: Billy Capers no fue solo una feria que pasó por Gran Canaria; fue una historia que la ciudad contó en voz alta durante todo un fin de semana. Y quienes estuvieron allí podrán decirlo así, sin exagerar demasiado: por tres días, Las Palmas volvió a tener ojos de niño.

