Gáldar acoge la tercera edición del Festival Baltasar Espinosa y demuestra que la poesía no decora la cultura: la sostiene.
Gáldar acoge la tercera edición del Festival Baltasar Espinosa y demuestra que la poesía no decora la cultura: la sostiene.
«Hay municipios que construyen monumentos y municipios que construyen voces. Gáldar, en el norte de Gran Canaria, ha elegido lo segundo.»
Del 9 al 12 de abril, más de ochenta poetas procedentes de las Islas Canarias, la Península y países hispanoamericanos han convertido este municipio en algo que las guías turísticas no saben cómo clasificar: una ciudad que piensa en voz alta. El III Festival de Poesía Baltasar Espinosa, organizado por la Asociación de Escritoras y Escritores Palabra y Verso, no es un evento cultural más en el calendario. Es una declaración de principios.
El lema de esta edición —Poetas por un mundo en paz— podría sonar a consigna si no fuera porque la poesía, cuando es verdadera, nunca consigna nada: pregunta. Y en esa pregunta, en ese espacio de duda articulada, reside toda la política que merece ese nombre. En un tiempo en el que el ruido compite con el pensamiento, reunir a casi cien poetas para leer, debatir, donar libros a una Poeteca y escribir cadáveres exquisitos en el jardín de la Casa-Museo Antonio Padrón es, en sí mismo, un acto de resistencia.
EN CIFRAS · III FESTIVAL BALTASAR ESPINOSA 2026
+80 poetas participantes · ~30 países de origen · 500 poemarios al premio · 150 referentes de la literatura canaria
Hay algo particularmente hermoso en que todo esto suceda bajo el nombre de Baltasar Espinosa, poeta nacido en Gáldar en 1937 y muerto en Madrid en 2018. Los festivales que llevan el nombre de sus muertos corren el riesgo de convertirse en homenajes fosilizados, en liturgias sin pulso. Este no. Cada edición es más grande que la anterior; el premio internacional que lleva su nombre recibió casi quinientos poemarios de una treintena de países. Baltasar Espinosa no es aquí una estatua: es una pregunta abierta sobre qué significa hacer literatura desde y para un territorio.
La presentación del libro Referentes de la Literatura Canaria —ciento cincuenta autoras y autores retratados y escritos, desde finales del siglo XIX hasta hoy— es también un gesto político: la afirmación de que existe una literatura propia, que tiene raíces y contemporaneidad, que no necesita pedir permiso a ningún centro para existir. La literatura canaria no es una rareza periférica. Es, como este festival, un mundo completo que cada cuatro años se asienta sobre las piedras de Gáldar y recuerda que la palabra nació antes que las fronteras.
Que el próximo festival sea en 2028 no es una despedida. Es la promesa de que Gáldar seguirá siendo ese lugar extraño y necesario donde la poesía no es ornamento: es la razón de estar juntos.
GÁLDAR, ABRIL
Para Baltasar Espinosa, que volvió
La ciudad guardó la voz
entre las piedras de la Cueva Pintada
—esas manos antiguas que también
querían dejar algo que durara.
Ochenta poetas llegan por abril
como si el viento norte los trajiese,
desde la otra orilla del idioma,
desde el otro lado donde duele.
Gáldar no es un nombre, es una boca
que abre su teatro, su casino, su biblioteca,
y los poetas entran, uno a uno,
como palabras buscando la frase que las complete.
Tú, Baltasar, naciste aquí y te fuiste
—como hacen los que aman demasiado un sitio—
y ahora regresan en tu nombre
los que no te conocieron pero te han leído.
Poetas por un mundo en paz, dicen.
Y la paz es esto: ochenta voces
que no gritan sino dicen,
que no hieren sino nombran.
El cadáver exquisito que escribirán mañana
en el jardín de Antonio Padrón
no habrá muerto nadie para hacerlo.
Solo palabras puestas unas junto a otras
como islas que se tocan sin saberlo.
La palabra como territorio
Por Vidal Bolaños

