«Máscaras para el fin del mundo» de Gloria T. Dauden

En un futuro asfixiado por la contaminación y el colapso,
sobrevivir tiene un precio: renunciar al rostro, a la identidad
y, quizá, a la propia humanidad.
A través de historias que se entrelazan en un mundo oscuro
y decadente, Gloria T. Dauden nos sumerge en una sociedad
donde cambiar de máscara puede ser la única forma de
seguir adelante. Máscaras para el fin del mundo es una mirada
intensa y perturbadora a lo que somos capaces de hacer
cuando todo lo que conocemos empieza a desaparecer.
Gloria T. Dauden, una de las voces más reconocibles y

singulares de la fantasía y la literatura especulativa es-
pañola, ha construido una trayectoria marcada por su

capacidad para explorar los límites del género y abordar,
desde la imaginación, los grandes conflictos de nuestro
tiempo.

LA OBRA

Título: Máscaras para el fin del mundo
Autora: Gloria T. Dauden
Fecha de publicación: 28 de octubre 2026
Páginas: 98
PVP: 12€

Páginas web:
EDITORIAL FUNDACIÓN
editorialfundacion.es
AUTORA:
@GloriaDauden
Contacto editorial:
Rayco Cruz
Editor Editorial Fundación
info@editorialfundacion.es

Sin piel. Sin identidad. Sin escapatoria.
En un futuro asfixiado por la contaminación y la
ambición desmedida, la supervivencia se ha convertido
en un mercado. Para seguir adelante hay que cambiar de
rostro, negociar contra los instintos y aceptar el
colapso.
A través de una serie de historias distópicas que se
entrelazan, Gloria T. Dauden nos traslada a un universo
a medio camino entre el steampunk claustrofóbico y el fin
del mundo tal como lo conocemos.
Una lectura oscura, intensa y profundamente humana
sobre lo que cuesta mantenerse en pie cuando todo se
desmorona.

Extractos de la obra:

«El niño yacía en una camilla en medio de la sala
de paredes de piedra. Los calmantes lo habían
dejado tan quieto que parecía estar muerto, y la
sangre que le corría por la cara no hacía sino
agravar la sensación. Sor Camañes se estremeció
al mirarle. Sacó una cajita lacada que llevaba en el
bolso e inyectó un líquido verde a uno de los
cables que alimentaban su propia máscara.
—¿Pasa algo, hermana? —preguntó con
preocupación la novicia que le ayudaba.
—El cansancio acumulado —mintió—. Solo eso.
Acabemos.
Inspiró y, ya recuperada, volvió a la mesa. Cogió
el bisturí e hizo un nuevo corte en la piel delicada
del rostro del infante y, con un movimiento rápido
ya muy bien entrenado por años de práctica, colocó
la máscara y ajustó los tubos para el aire y el
combinado de nutrientes del que se alimentaría a
partir de ese momento. El niño no se movió, pero
la sangre siguió goteando de la herida, más aún
cuando hizo el siguiente corte para fijar el otro
extremo. Comenzó a rezar un Ave María para
disipar el nudo que tenía en el pecho».
«Miró alrededor. Por un momento creyó
comprender la rabia de Delmira. Todas las
estatuas de la simulación estaban embozadas
también. No había rastro ni de los famosos ojos
almendrados ni de las barbas rizadas que se
conocían por los restos arqueológicos. Todos
estaban cubiertos por máscaras de aspecto algo
tosco y con símbolos de divinidades pintados
sobre ellas. Katriona se acercó a la estatua de lo
que parecía una diosa. Sobre su máscara llevaba
escritura cuneiforme, o algo semejante. No se
había involucrado en exceso en aquellas
simulaciones de historia antigua, pero sabía que
no solían preocuparse en demasía por su verismo.
Seguramente un experto en civilizaciones se
habría ofendido todavía más que Delmira al ver
allí nada más que líneas sin sentido.
—Se te olvida que esto no es más que un
entretenimiento —le susurró tratando de
calmarla».

«No era la primera vez que Celia asistía a una
lucha de descarnados, pero sí la primera que
acudía con esa identidad. En los años que habían
pasado desde su infancia, aquel negocio, como

casi todos en ese barrio, se había ido complican-
do hasta ser casi irreconocible. En su momento

habían sido eventos pequeños, clandestinos, en
algún subsótano. Aquello era casi un coliseo y
solo le faltaba anunciarse con neones. Si no se

impedía era porque parte de la policía y del go-
bierno local cobraban de ello también, así con

todo, incluidas las granjas ilegales, meditó Celia
con desagrado.
Sentada en lo alto del graderío, entre gente

ebria con máscaras que variaban entre lo defi-
ciente y las últimas modas, contemplaba a los

últimos participantes de la jornada.
A su lado estaba Roger, su pareja, que le acariciaba
la pierna con más nerviosismo que deseo. Y un
asiento más allá, se encontraba parte de la causa
de su inquietud: se hacía llamar Dan, aunque debía
ser una identidad falsa. Era bajo, muy delgado y
de máscara gris. Su único rasgo significativo era
un signo en azul sobre la parte superior donde
tendría que haber estado la numeración.

No se habían dicho gran cosa todavía. Espera-
rían al descanso para ir a una de las salitas priva-
das. Entonces sabrían si todo lo que llevaban

hecho en los últimos meses había servido de
algo, si podrían por fin encontrar con vida a la
hermana de Roger».

La autora:
Nació en Gran Canaria, estudió Publicidad y Relaciones
Públicas, escritura creativa y finalmente Historia del Arte.
Disfrutó de un Erasmus en Irlanda y un viaje a Grecia que
le llenaron la cabeza con el germen de varias novelas.
Su vida está marcada por la pasión por los libros, el arte,
las utopías-distopías y la mitología. Ha publicado libros de
relatos, varias novelas cortas y largas. Entre ellas
destacan: Islas de la Noche, Las cuatro de la luna negra, Fae (el
libro de las fantasías eróticas), Heroicas, El laberinto del Olvido,
Retrato en rojo, Retrato en negro, Volar sin alas y La galería de
espejos.
Ha sido traducida al inglés para la antología The Best of
Spanish Steampunk y seleccionada en numerosos
concursos y publicaciones como, por ejemplo, el primer
número de la revista Windumanoth. Años atrás fue
profesora de escritura creativa y de idiomas. Actualmente
es docente de educación secundaria y Bachillerato en un
IES en el que, a veces, habla de utopías y distopías.