Un perro muere tras un ataque en Guía de Isora y su propietaria denuncia falta de auxilio policial
El miedo detrás de una puerta: el relato de una mujer cuyo perro murió atacado en Guía de Isora
La propietaria asegura que permaneció encerrada para ponerse a salvo y que tuvo que insistir al teléfono hasta conseguir presencia policial.
Por Vidal Bolaños
Una puerta cerrada fue, según su relato, lo único que separaba a una mujer de un perro que acababa de matar a su mascota. Al otro lado estaba el animal; dentro del baño, una propietaria que asegura haber vivido momentos de auténtico temor y que no sabía cuándo podría abandonar su finca con seguridad.
La escena se sitúa el domingo 4 de octubre de 2026 en una propiedad entre Chiguergue y Aripe, en Guía de Isora. La mujer cuenta que entró con su perro y que no había visto al animal de grandes dimensiones que se encontraba en el terreno. El ataque acabó con la vida de su mascota.
Después, dice, tuvo que refugiarse en un baño. Cada intento de salir provocaba, siempre según su testimonio, una nueva acometida del otro perro. Desde aquel espacio intentó conseguir ayuda.
La afectada afirma que hizo distintas llamadas a la Policía Local del municipio sin obtener el auxilio esperado. Mantiene que la policía llegó tras su cuarta llamada al 112. No se han facilitado a esta crónica los registros de llamadas ni el parte policial que permitan verificar los tiempos de respuesta.
Pero la inquietud no desapareció con la llegada de los agentes. La mujer sostiene que, pese a haber localizado al perro y a su posible responsable, continúa sin obtener la identificación oficial que solicita. Denuncia que le han comunicado que esa gestión no compete a las autoridades municipales.
Es necesario reconstruir lo sucedido sin anticipar conclusiones: conocer cómo accedió el animal a la finca, comprobar las comunicaciones de emergencia, recabar la versión policial y establecer qué vías tiene la perjudicada para reclamar por la muerte de su mascota.
En una pantalla, estas historias pueden parecer una sucesión de imágenes duras. En la vida real, detrás de cada una hay una persona que ha perdido a su compañero y que afirma haberse sentido desprotegida en un momento de peligro.
No consta en la información recibida una respuesta oficial del Ayuntamiento o de la Policía Local sobre el episodio.
Hasta contar con ella, las acusaciones siguen siendo manifestaciones de la afectada. Su testimonio, sin embargo, merece ser contrastado y atendido con la seriedad que exige un incidente de estas características.

